Cuando recibimos invitados, muchos anfitriones sienten que deben hacerlo todo ellos mismos. Sin embargo, dejar que los invitados ayuden a poner la mesa o a recoger es una manera de compartir la fiesta y de hacer que todos se sientan bien. Ayudar crea complicidad, y los invitados suelen agradecerlo, porque prefieren sentirse útiles antes que quedarse mirando. Con naturalidad, esta colaboración se convierte en parte del encuentro y hace la comida más alegre.
Aceptad las ofertas de ayuda con una sonrisa. Cuando alguien pregunta si puede hacer algo, tened preparada una respuesta concreta: llevar los platos, colocar los vasos, servir el pan. Es más fácil ayudar cuando se sabe qué hacer. Indicad dónde están las cosas, y no os preocupéis si alguien las coloca de otro modo. Lo importante es la voluntad de participar, no la perfección. Así el anfitrión también puede sentarse y disfrutar de la conversación.
Compartir sin agobios
Los niños también pueden ayudar. Ponerles a colocar servilletas, contar cubiertos o llevar las cestas de pan es un juego para ellos, y les hace sentirse importantes. Los invitados adultos pueden ocuparse de las bebidas, de retirar los platos o de secar los vasos. Repartid las tareas con humor, para que nadie tenga la sensación de estar trabajando en plena fiesta.
Al final de la comida, recoged entre todos. Mientras unos llevan los platos a la cocina, otros guardan las sobras o cargan el lavavajillas. Una conversación animada en la cocina puede ser una de las partes más agradables de la velada. Y si alguien prefiere seguir sentado, no pasa nada: cada uno colabora a su manera, y todas las formas de ayudar son bienvenidas. Una mesa recogida entre todos deja tiempo para el café y la charla sin prisas.
Agradeced siempre la ayuda. Un simple gracias o un comentario amable mantiene el buen ambiente. Si alguien ha traído un postre o ha ayudado a preparar, mencionadlo. La próxima vez que os inviten, haréis lo mismo, y así se crea una bonita costumbre de ayuda mutua. Una casa donde todos colaboran es una casa donde los invitados siempre se sienten bienvenidos.