Cuando hay invitados en casa, la hora de dormir de los niños se complica. Hay voces, risas, música y muchas cosas que ver, y los pequeños no quieren irse a la cama. Los adultos, por su parte, quieren disfrutar de la reunión sin tener que interrumpirla constantemente. Con un poco de organización, es posible encontrar un equilibrio, para que los niños descansen y la velada siga siendo agradable para todos los que están en casa.
Mantened la rutina de la noche en lo posible. Baño, pijama, cuento y cama, en el mismo orden de siempre. Las rutinas dan seguridad y ayudan al niño a entender que, aunque haya invitados, el día termina como de costumbre. Avisad con antelación de que pronto será la hora de dormir, para que el niño se despida con tiempo y sin sobresaltos. Un beso a los invitados antes de acostarse es una despedida bonita.
Silencio y calma en casa
Preparad la habitación con antelación. Cerrad la puerta, bajad la persiana y poned una luz suave. Si el ruido llega desde el salón, una música tranquila puede ayudar. Dejad a mano un vaso de agua y el peluche favorito. Una habitación cómoda y en penumbra hace que el niño concilie el sueño más rápido, aunque se oigan risas a lo lejos.
Pedid a los invitados que bajen un poco la voz cuando los niños se acuestan. La mayoría lo entiende perfectamente. Trasladad la conversación a una habitación más alejada, o a la terraza, si el tiempo lo permite. Si un niño se levanta, recibidlo con calma y volved a acostarlo sin dramatismo. Una respuesta serena suele bastar para que se tranquilice.
Aceptad que alguna noche saldrá peor. Los niños son así, y un día de sueño corto no es una catástrofe. Al día siguiente, dejad tiempo para descansar, con una mañana tranquila y una siesta si hace falta. Agradeced la comprensión de los invitados y, si queréis, contad con humor cómo fue la noche. Con calma, cariño y un poco de planificación, la hora de dormir con invitados se vuelve una parte más de la vida familiar.